viernes, 17 de mayo de 2024

Destellos de recuerdos

 Querido y amable lector:

A veces se dice que con un poco de valentía se puede afrontar el día. Supongo que eso sucedió cuando al iniciar mi primer día de universidad, mi mente se colapsó.

Era temprano, la brisa suave de principios de septiembre en Pamplona hacía que no notase el sol que empezaba a vislumbrarse por las montañas del Perdón. Mil miedos e incertidumbres me acechaban la mente sin que fuera capaz siquiera de mediar palabra con ningún interlocutor. Al sonido de The Journey llegaba yo a los verdes prados de la Universidad de Navarra.

Me dirigí a una infinita e interminable cuesta, la del Museo de la Universidad, y no pude hacer otra cosa, que ponerme a observar a los zombies de ciudad que andaban por la calle. Todos iban yendo a sus respectivas facultades como si fuera otra mañana cualquiera. Muchos ya habrían tenido su primer día, otros estarían aprendiendo lo que es ver el curso como una meta inalcanzable y otros tan solo apartaban las telas de araña de sus ojos, ya que la noche anterior les había pasado factura.

Al entrar por la puerta del edificio blanco, mis ojos veían colores, saludos, lágrimas de alegría y gente correteando de aquí para allá. Algo realmente sorprendente para la hora de la mañana en la que nos encontrábamos. No atisbaba a ver ninguna persona conocida como ya era costumbre en el instituto. Todos parecían conocerse, incluso el pequeño chico que apareció tras de mi, el cual no tenía ningún tipo de miedo en avanzar decidido al grupo grande que había en una mesa y entablar conversación como si nada.

Fijé la mirada al frente y la espalda erguida, porque como dicen, tendrás respeto enseguida. Y me encaminé hacia el aula 6 de la Facultad de Comunicación. 

Palidecían aquellos a los que se les habían olvidado cosas debido a su mala cabeza o a aquellos tímidos impacientes por hacer amigos que solo oían en su cabeza un "tierra trágame". Rojez en las mejillas de aquellos a los que se les habían pegado las sábanas y habían llegado al límite a la primera clase de la mañana del primer día del resto de su vida. Incluso podríamos hablar de tonos amarillentos del chaval que estaba tan nervioso que hasta había traído una bolsa para vomitar pero sólo "por si las moscas...".

Supongo que el día podría haber aportado más cosas pero mi mente analizadora no pudo hacer más que ponerse a disociar hasta bien entrada la noche. Podríamos afirmar que mi tendencia a la disociación y mi imaginación, hicieron que el resto del día solo pensara en lo que había visto nada más llegar y no pudiera concentrarme en nada más.

Y hablando de aportar, querido lector, gracias a Julia Quinn por haberme facilitado la idea de la escritura, de éste, mi primer día de Universidad.

Se despide, una servidora. 


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